6/2012

LA RESPONSABILIDAD DE CIRCULACIÓN

A fuerza de oírla y vivirla, todos conocemos la historia, aunque no nos cuenten detalles concretos sobre ella. Son tantas las veces que  hemos oído silbar las balas sobre nuestras cabezas, que ya nos parece casi normal que nos disparen desde cualquier esquina. Nuevamente le ha tocado a Circulación, a tres compañeros nuestros. Sin comerlo ni beberlo, se les ha imputado por homicidio imprudente, como consecuencia de un arrollamiento. Ni que decir tiene que han acabado delante de un juez.
 
El asunto se resume en lo siguiente: en una vía doble, se conceden unos trabajos al amparo de la interrupción de la circulación en una sola de las vías. Una maquinaria de dimensiones excesivas para trabajar en un espacio tan reducido acaba invadiendo la vía no bloqueada... y el resto ya nos lo podemos imaginar.
 
¿Alguien ha citado a declarar, siquiera como testigos, a quienes planificaron una obra donde tenía que trabajar una maquinaria técnicamente inadecuada? No, porque para comerse el marrón ya existe personal específico: el de Circulación. El mismo personal al que se obliga a pasar controles de alcoholemia y drogadicción cada vez que, por ejemplo, un maquinista se come una señal de parada. O, como en un caso reciente, cuando el maquinista de un tren de Cercanías se estampa contra una topera causando varios heridos. Aunque parece que, en este caso concreto, el agente de Circulación tampoco estuvo a la altura de las circunstancias. De lo contrario, hubiera saltado a la vía, interponiéndose en la trayectoria del tren y parando el golpe con el pecho. Pero, en lugar de eso, se limitó a comunicarlo inmediatamente al P.M. No es de extrañar que luego le pidieran explicaciones...
 
Pero volviendo al tema principal, ¿alguien cree que se ha citado a declarar, siquiera como testigo, a cualquiera de los responsables de una reglamentación que incluye o permite la existencia de procedimientos tan calculadamente ambiguos y potencialmente peligrosos como son el Régimen de liberación por tiempo o el cada vez más socorrido Aviso nº 19? La respuesta sigue siendo negativa, y por los mismos motivos que en el párrafo anterior.
 
Como de costumbre, cuando sucede alguna desgracia y el asunto llega a manos de un juez, nuestra inefable Empresa se afana en echar balones fuera, para que las salpicaduras no lleguen demasiado arriba en el escalafón. Lo importante, según esa óptica, no es hacer las cosas bien desde el principio, sino poder culpar a un infeliz cuando no funcionan. Sale más barato. Al menos para el que nunca tiene que declarar ante su señoría.
 
Mientras tanto, nosotros seguiremos rogando para que el concejal de urbanismo de nuestro Hay-untamiento (que seguramente es cuñado de un alto cargo en cierta empresa pública) nunca conceda los permisos necesarios para construir una piscina (también pública) junto a la estación de ferrocarril. Porque si alguien se ahoga en ella (en la piscina), podemos dar por seguro que no faltará quien nos acuse de haber descuidado nuestra obligación como socorristas acuáticos. Que es muy cómodo y muy elástico eso de decir que nosotros somos ferroviarios y sólo nos ocupamos de los trenes.
 
De todas formas, no hay motivo de alarma: con la experiencia acumulada durante años, estamos adquiriendo tal soltura cuando se trata de declarar ante un juez, que no debiera preocuparnos si la próxima clasificación de categorías (impuesta vía reforma laboral) triplica nuestras ya infinitas responsabilidades. Podemos con eso y con lo que nos echen. Además, en la cárcel no se hacen noches.
La responsabilidad de circulación